DESTINO EXTICO

 
EXPEDICION POR EL RÍO BERMEJO
Lunes, 14 de Abril de 2008 13:12

 

Fue la 63a. expedición de “Moncho” Otazo, un chaqueño que documenta video y fotográficamente las maravillas de la naturaleza y la relación que establece el hombre con su medio ambiente.

“Desde los 70, algunas veces a pie y otras en embarcaciones de madera de sauce y bambú o de aluminio, como en este caso, cubrí grandes extensiones del Gran Chaco, la zona que me interesa conocer y abordar”, dijo Otazo.
El expedicionario, quien decidió que ésta fuera su última excursión “de largo aliento”, partió el 11 de agosto de 2007 de la ciudad salteña de Embarcación en el “Chaco Gualampa”.

Así llamó a su pequeño bote de aluminio de solo 4 por 1,75 metros, que Otazo amarró hace tres días en la costa norte del Río de la Plata, en San Isidro, después de 240 días de navegación.

“Navegué por el Bermejo, el Paraguay y el Paraná, aprovechando para alimentarme de lo que más abunda en la zona: pato, paloma, charata (una gallinácea muy rica), fruta de algarrobo, de chañar, de mistol y cactus. Preparo mis postres con miel y con harina de algarrobo”, precisó el audaz explorador.
Para Otazo, “el enemigo más temible del monte es el mosquito y los insectos en general. Una vez, en un viaje anterior, una picadura casi me hace perder la mano. Necesité 60 inyecciones para salvarla”.

“Hoy me prevengo de esos ataques con humo del árbol de palo santo o de excremento de vaca, tapir o carpincho. También sirve quemar la “carcoma” que fabrican las termitas. Y para usar sobre la piel es útil la grasa de los animales‘, explicó el aventurero que tiene su casa en Roque Saenz Peña, Chaco.
Allí, Otazo construyó un museo y un archivo con todo el material documental que acumuló en estos últimos 40 años, a través de sus viajes y de esa manera sistematiza sus conocimientos que vuelca en charlas e intercambios con quienes se cruza en sus trayectos.

Otazo contó que “a pesar de no haberse casado nunca y de no haber tenido hijos, en 1970 se embarcó con una muchacha en una balsa de madera de bambú construída por los Wichis y navegó por más de 20 meses de Bolivia a Buenos Aires, por los ríos del Gran Chaco viviendo de la caza y de la pesca”.
“A pura chuza, garrote, arco y flecha para poder comer”, señaló el aventurero.

“Fue un símbolo de que es posible la supervivencia de la especie, pero en relación armónica con la naturaleza. Cualquier grupo humano puede sobrevivir en una embarcación atada con hilos y atravesar los desafíos si no rompe con esa armonía”, sostuvo.

Otazo lamentó haber visto en este último viaje, como nunca antes, el desmonte y la tala indiscriminada de árboles en amplias zonas de Argentina que dañan a los animales y plantas y que afecta a poblados y comunidades humanas.

“Son empresarios que compran tierras y que no muestran sus caras”, concluyó, al tiempo que anunció que su próximo viaje será a las yungas (selva), en el límite entre Chaco, Salta y Jujuy, pero será una expedición de sólo cuatro meses.

FUENTE: La Hora de Salta

 
  
 

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